La Torre Nueva de Zaragoza: la torre inclinada que la ciudad decidió derribar
Casi cuatro siglos torcida, vigía en los Sitios de 1808 y derribada entre protestas en 1892, en la plaza de San Felipe
Un reloj de ladrillo que nació torcido
La Torre Nueva se levantó entre 1504 y 1512 en la plaza de San Felipe, en pleno casco histórico de Zaragoza. Fue el primer gran edificio que construyó la ciudad durante todo el siglo XVI. No era el campanario de ninguna iglesia. La mandó construir el Concejo de la ciudad para tener un reloj público y unas campanas que marcaran el ritmo de la vida urbana, no solo la de una parroquia. El reloj lo hizo el relojero leridano Jaime Ferrer. En la obra trabajaron juntos los maestros cristianos Gabriel Gombao y Antón Sariñena y los artífices mudéjares Juce Galí, Ismael Allabar y el maestro Monferriz. Toda la obra, desde el primer ladrillo hasta la colocación de las campanas, se prolongó ocho años.
El nombre no esconde ningún misterio, aunque hoy despiste a quien no conoce la ciudad. Era, sencillamente, la torre nueva frente a las que ya existían. Y al ser una torre civil, pagada y gestionada por el Concejo, no respondía ante ningún obispado ni parroquia, algo poco habitual entre las torres mudéjares de la Zaragoza de la época.
La torre empezó a inclinarse poco después de acabada. La causa más aceptada es sencilla. Se construyeron los cimientos con prisa, y eso bastó para que el edificio se fuera torciendo con los años hasta desviarse casi tres metros de la vertical. Más tarde se intentó reforzar la base. No funcionó. Entre esas campanas de 1508 y el derribo final de 1893 pasaron 385 años, casi cuatro siglos enteros con la misma inclinación a cuestas.
Dieciséis puntas, cuatro alturas y un chapitel que llegó tarde
El diseño era de los más originales que se habían visto en la ciudad. La primera altura tenía forma de estrella de dieciséis puntas, y las tres siguientes eran octogonales, con contrafuertes en los ángulos. Los muros combinaban figuras geométricas en ladrillo y cerámica, con vanos abiertos en arcos apuntados, al gusto mudéjar.
En 1749 se añadió un chapitel triple con cubierta de pizarra que cambió su silueta durante más de un siglo. Ese remate se retiró a partir de 1878, catorce años antes de que la torre entera desapareciera. De su aspecto final queda buena memoria gráfica. Antes incluso de la fotografía, ya se la retrataba en grabados y estampas de viajeros del siglo XIX.
Más tarde llegaron las cámaras. El galés Charles Clifford, fotógrafo oficial de la reina Isabel II, la retrató en octubre de 1860, poco antes de morir en Madrid el 1 de enero de 1863. El francés J. Laurent, que también llevaría ese título entre 1861 y 1868, la fotografió entre 1863 y 1877. De su archivo, unas 12.000 placas de cristal, se conservan hoy en el Instituto del Patrimonio Cultural de España, en Madrid. A esas imágenes se suman las de los zaragozanos Júdez y Coyne, que la fotografiaron también desde la propia ciudad. Gracias a todas esas placas se sabe con bastante precisión cómo fue cambiando su silueta entre el chapitel de 1749 y el desmoche de 1878.
Vigía durante los Sitios de Zaragoza
Zaragoza vivió dos sitios durante la Guerra de la Independencia. El primero duró del 15 de junio al 13 de agosto de 1808, cincuenta y nueve días, y acabó con la retirada de las tropas del mariscal Lefebvre y el general Verdier tras miles de bajas. El segundo empezó el 21 de diciembre de 1808 y se prolongó hasta el 21 de febrero de 1809, esta vez frente al mariscal Lannes y más de 35.000 soldados, y terminó con la capitulación de la ciudad por una epidemia de tifus y la falta de provisiones. La defensa la dirigió el general José de Palafox.
Durante esos meses, la Torre Nueva dejó de ser solo una rareza arquitectónica con casi tres siglos de inclinación a sus espaldas. Desde su altura se vigilaban los movimientos de las tropas francesas, y desde allí se avisaba a la ciudad si había peligro. De los 55.000 habitantes que tenía Zaragoza antes de los sitios, solo 12.000 sobrevivieron. Fue también durante ese primer sitio cuando Agustina de Aragón se hizo célebre defendiendo la batería del Portillo.
Palafox acabó preso en el castillo de Vincennes, en Francia, acusado de haber jurado fidelidad a José Bonaparte y haberlo traicionado después. No volvió a España hasta diciembre de 1813, con el Tratado de Valençay, y entre 1814 y 1815 fue capitán general de Aragón.
1892: el año del torricidio
A finales del siglo XIX, el Ayuntamiento decidió que la torre era un riesgo de ruina. En 1892 aprobó su derribo. No todos estuvieron de acuerdo. El pintor e historiador Anselmo Gascón de Gotor y su hermano Pedro, sacerdote, llevaban ya años defendiendo el patrimonio monumental aragonés. Habían publicado juntos, en 1890 y 1891, "Zaragoza Artística, Monumental e Histórica", una de las primeras grandes guías ilustradas de la ciudad. Cuando llegó el derribo, Anselmo dirigía además la revista El Semanario Ilustrado, y desde sus páginas, entre 1892 y 1893, denunció el "torricidio" de la más bella torre mudéjar y lo calificó como el mayor crimen artístico cometido en España. Hoy esa indignación forma parte de las historias de misterio y memoria de la ciudad, aunque entonces no tuviera nada de leyenda y sí mucho de decisión municipal muy discutida.
Las protestas no cambiaron nada. Las obras empezaron en el verano de 1892 con el montaje de los andamios y se alargaron un año entero. Los ladrillos de la torre derribada se vendieron para los cimientos de casas nuevas de la ciudad. En el verano de 1893, Zaragoza se quedó sin su Torre Nueva.
Lo que queda hoy en la Plaza de San Felipe
La propia plaza toma su nombre de la iglesia de San Felipe y Santiago el Menor, que los marqueses de Villaverde empezaron a levantar en 1686 y que no se terminó hasta mediados del siglo XVIII, con una reforma del arquitecto Ventura Rodríguez en 1752. Esa iglesia sigue en pie. La torre, no.
Durante los años noventa del siglo XX se levantó un primer monumento conmemorativo en el lugar donde había estado la torre. Hoy el pavimento de la plaza marca su perímetro, y una escultura de un muchacho sentado mira hacia el hueco. A pocos metros, cruzando el Coso, hay otro monumento zaragozano que también solo se entiende leyendo su historia, el cauce enterrado del río Huerva.
En la propia plaza, en el número 3, el Museo Pablo Gargallo ocupa hoy el Palacio de Argillo, un edificio de 1661 construido como casa de Francisco Sanz de Cortés y conocido después como palacio de los condes de Argillo. Se convirtió en museo dedicado al escultor Pablo Gargallo gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento y Pierrette Gargallo, hija del artista, y abrió sus puertas en 1985. Estuvo cerrado por obras desde febrero de 2007 hasta su reapertura el 21 de octubre de 2009.
En la misma plaza, frente a la fachada del palacio, hay dos esculturas ecuestres que vinieron de mucho más lejos de lo que parece. Son el "Saludo Olímpico", y antes de llegar a Zaragoza decoraban el Estadio Olímpico de Montjuïc, en Barcelona, construido para los Juegos de 1929. Un pequeño espacio museístico, instalado en un local comercial de la propia plaza, guarda además fotografías antiguas y piezas originales de la Torre Nueva desaparecida, abierto para quien quiera verlas de cerca.
Tres intentos de levantarla otra vez
La idea de reconstruirla no ha desaparecido del todo. En los años ochenta se formó la asociación Amigos de la Torre Nueva, que propuso levantarla de nuevo siguiendo el ejemplo del campanario de la basílica de San Marcos en Venecia. Aquel campanario veneciano se desplomó el 14 de julio de 1902, y se reconstruyó siguiendo el principio del "dov'era e com'era", donde estaba y como era, con la primera piedra colocada el 25 de abril de 1903 y la inauguración exactamente nueve años más tarde, el 25 de abril de 1912. Es justo lo que reclaman quienes quieren devolver la Torre Nueva a la plaza de San Felipe.
En 2015, Xavier de Pedro, del PAR, llevó la reconstrucción como propuesta electoral, financiada mediante micromecenazgo. No salió elegido. En 2024 llegó un tercer intento, esta vez de la Fundación Ingenio Azul, con apoyo del Ayuntamiento de Zaragoza y de las Cortes de Aragón. Ninguno de los tres proyectos ha puesto todavía un ladrillo.
Cómo llegar y otras historias cercanas
La plaza de San Felipe está a un paso del Coso y de El Tubo, en pleno centro histórico, y se llega caminando desde la plaza del Pilar en pocos minutos. Quien quiera comparar el hueco real con el aspecto que tuvo la torre puede mirar allí mismo las fotografías que tomaron Clifford y Laurent en el siglo XIX, cuando todavía se veía desde media ciudad.
Cerca hay otras dos historias que también mezclan piedra y memoria. El fantasma que algunos dicen notar en el Palacio de la Aljafería, al otro lado del Ebro, y las bombas que cayeron sobre la Basílica del Pilar sin explotar en 1936, forman parte del mismo recorrido de misterios de la ciudad.
Fuentes
- Wikipedia — Torre Nueva de Zaragoza
- Wikipedia — Sitios de Zaragoza
- Wikipedia — José de Palafox y Melci
- Wikipedia — Anselmo Gascón de Gotor
- Wikipedia — Museo Pablo Gargallo
- Wikipedia — Charles Clifford
- Wikipedia — Jean Laurent
- Wikipedia — Campanario de San Marcos
- Wikipedia — Iglesia de San Felipe y Santiago el Menor (Zaragoza)
