Agustina de Aragón: la heroína que defendió Zaragoza con un cañón
La mujer que plantó cara a Napoleón y se convirtió en símbolo de resistencia
La mujer del cañón
Si hay un nombre propio grabado a fuego en la memoria de Zaragoza, es el de Agustina de Aragón. Durante los Sitios que las tropas de Napoleón pusieron a la ciudad en 1808 y 1809, esta mujer se convirtió en símbolo de una resistencia feroz que asombró a toda Europa. Su imagen disparando un cañón contra los franceses es una de las estampas más poderosas de la historia de España.
Una barcelonesa adoptada por Aragón
Agustina Raimunda María Saragossa Domenech nació en Barcelona el 4 de marzo de 1786, aunque algunos historiadores discuten la fecha exacta. Llegó a Zaragoza siendo joven, casada con un cabo de artillería. Cuando estalló la Guerra de la Independencia en 1808, se encontraba en la ciudad con su marido y su hijo pequeño.
El 15 de junio de 1808, durante el Primer Sitio de Zaragoza, las tropas francesas atacaron la Puerta del Portillo. Los defensores caían uno tras otro y la batería de artillería estaba a punto de quedar abandonada. Según la tradición, Agustina cogió la mecha de un artillero caído y disparó el cañón contra los atacantes a quemarropa. El efecto fue demoledor: los franceses retrocedieron y la defensa se mantuvo.
Los Sitios de Zaragoza
Para entender a Agustina hay que entender lo que fueron los Sitios. Entre junio de 1808 y febrero de 1809, Zaragoza sufrió dos asedios brutales por parte del ejército napoleónico. La ciudad no tenía murallas modernas ni una guarnición profesional significativa. Lo que tenía era una población decidida a no rendirse.
El Primer Sitio (junio-agosto 1808) fue rechazado. Los zaragozanos lucharon calle por calle, casa por casa. El general Palafox, que lideraba la defensa, pronunció la famosa frase "Guerra y cuchillo" cuando le pidieron la rendición.
El Segundo Sitio (diciembre 1808-febrero 1809) fue aún más devastador. Los franceses entraron en la ciudad y la lucha se convirtió en combate urbano brutal. Una epidemia de tifus se sumó al horror. Cuando Zaragoza finalmente cayó el 21 de febrero de 1809, habían muerto más de 50.000 personas, entre combatientes y civiles. La ciudad quedó en ruinas.
Agustina después de los Sitios
Tras la caída de Zaragoza, Agustina fue hecha prisionera pero logró escapar. Se unió a las guerrillas y siguió luchando. Fue ascendida a subteniente de infantería, algo insólito para una mujer en aquella época. El propio general Palafox la condecoró.
Su fama llegó hasta Goya, que la inmortalizó en uno de sus grabados de Los Desastres de la Guerra. Lord Byron la mencionó en su poema "Childe Harold's Pilgrimage". Se convirtió en un icono internacional de la resistencia española contra Napoleón.
Agustina murió en Ceuta el 29 de mayo de 1857, a los 71 años. Sus restos fueron trasladados a Zaragoza en 1870 y hoy descansan en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo, muy cerca del lugar donde disparó aquel cañón.
Agustina en la Zaragoza de hoy
La Puerta del Portillo ya no existe, pero la plaza del Portillo conserva su nombre y su memoria. Un monumento a los Sitios se alza en la plaza de los Sitios. El Museo de Zaragoza y el Museo de la Academia General Militar guardan objetos relacionados con aquella época.
Caminar por el Casco Histórico de Zaragoza es pisar el mismo suelo donde Agustina y miles de zaragozanos decidieron que su ciudad no se rendía. Esa terquedad, esa cabezonería aragonesa, sigue siendo parte del carácter de la ciudad.
Artículo generado con IA y revisado por el equipo de Vive Zaragoza.