El Huerva soterrado: el río que fluye bajo tus pies
Bajo el Paseo de la Independencia corre un río de verdad. Y tiene más historia de la que imaginas.
Un río bajo la calle principal
Hay algo que la mayoría de los que pasean por el Paseo de la Independencia no saben: están caminando sobre un río. El Huerva, afluente del Ebro, no desemboca al aire libre como cabría esperar. Fluye bajo tierra, canalizado en un túnel de hormigón y piedra que pasa exactamente por debajo de la vía más transitada de Zaragoza.
No es una metáfora. Es un río real, con agua real, que lleva décadas corriendo en la oscuridad sin que nadie lo vea.
Por qué se enterró un río
El Huerva no siempre estuvo escondido. Hasta mediados del siglo XIX, el río corría al aire libre por el sur de la ciudad, más o menos por donde hoy están el Paseo de la Independencia y la Gran Vía. Era un río modesto, casi un arroyo en verano, pero con un problema grave: las crecidas.
Cuando llovía fuerte en la sierra, el Huerva se transformaba. Las inundaciones eran frecuentes y destructivas. La más devastadora documentada fue la de 1874, que anegó buena parte del centro de la ciudad y causó muertos y daños enormes.
La solución fue radical: soterrar el río. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el tramo urbano del Huerva fue canalizado y cubierto. Sobre él se construyó el Paseo de la Independencia, la gran avenida que los zaragozanos querían como símbolo de modernidad.
Lo que hay debajo
El canal subterráneo del Huerva es una obra de ingeniería notable para su época. Un túnel abovedado de piedra y ladrillo, reforzado posteriormente con hormigón, por el que circula el agua del río antes de desembocar en el Ebro, cerca del Puente de la Unión.
El acceso está restringido y la mayoría de zaragozanos nunca han visto el interior del canal. Pero los operarios de mantenimiento que bajan periódicamente describen un espacio sorprendente: amplias galerías con eco, restos de la canalización original del XIX y, en algunos tramos, grafitis y objetos que sugieren que no siempre ha estado tan cerrado como debería.
Las inundaciones que no se fueron
Soterrar el río no eliminó el problema de las crecidas. Lo trasladó. Cuando las lluvias son intensas, el caudal del Huerva supera la capacidad del canal y el agua busca salida por donde puede: registros, alcantarillas, garajes. Las inundaciones del Paseo de la Independencia y la Gran Vía son un fenómeno recurrente que los zaragozanos conocen bien.
La más reciente de cierta gravedad fue en 2018, cuando una tromba de agua colapsó el sistema de drenaje y el agua brotó en varios puntos del centro. Los bomberos tuvieron que trabajar durante horas. La explicación técnica fue "desbordamiento del colector principal". La explicación real: el Huerva recordando que sigue ahí.
Un río con memoria
Hay algo perturbador en la idea de un río que fluye invisible bajo una ciudad. El Huerva no se secó. No desapareció. Simplemente lo tapamos y seguimos con nuestras vidas, caminando sobre él cada día sin pensarlo.
Pero el río tiene memoria. Cada vez que llueve con fuerza, cada vez que el agua brota por una tapa de registro en el Paseo de la Independencia, el Huerva nos recuerda lo que olvidamos: que esta ciudad se construyó sobre agua, y que el agua, tarde o temprano, siempre encuentra su camino.
Artículo generado con IA y revisado por el equipo de Vive Zaragoza.