Casco Histórico de Zaragoza: guía del distrito donde empezó la ciudad
De la judería de La Magdalena al convento de San Agustín, los seis barrios del Zaragoza más antiguo
Qué es el Casco Histórico y por qué no es lo mismo que "el Centro"
Si le dices a alguien que vas al Casco Histórico, es fácil que piense que hablas del Centro de Zaragoza. En el día a día, da igual. Administrativamente, no. Son dos distritos distintos, con límites propios y sus propias juntas municipales. El Casco Histórico es el más pequeño de los dos, y también el más antiguo. Son 1,98 km² encajados entre las calles El Coso, Asalto, César Augusto y María Agustín, con el río Ebro cerrando el lado norte.
Dentro de ese perímetro viven 46.821 personas, según el padrón de 2015, lo que da una densidad de 23.594 habitantes por kilómetro cuadrado. Hace frontera con el distrito Centro al sur, con La Almozara al otro lado del Ebro, con la margen izquierda por el puente de Santiago y con Las Fuentes hacia el este. Seis barrios se reparten ese espacio tan pequeño, San Pablo, La Magdalena, San Miguel, Las Tenerías, San Agustín y El Tubo. Ninguno llega al kilómetro cuadrado por sí solo.
Dos mil años viviendo dentro del mismo trazado
La razón de que este trozo de ciudad tenga una forma tan reconocible, casi un óvalo, es que creció encerrado dentro de la muralla que levantaron los romanos en el siglo III para defender Caesaraugusta. De aquella muralla quedan tramos visibles todavía hoy, recogidos con detalle en el artículo sobre las murallas romanas. Lo que importa aquí es el efecto que tuvo. La ciudad no pudo crecer hacia fuera durante siglos, así que se fue densificando hacia dentro, calle sobre calle, hasta formar el entramado estrecho que todavía se recorre a pie.
Ese confinamiento histórico es también lo que explica una cifra poco conocida. El Casco Histórico de Zaragoza está considerado el segundo centro histórico más extenso de España. Solo Toledo lo supera en superficie dentro de sus murallas. No es un dato que suela salir en las guías turísticas. Pero condiciona todo lo demás. La mezcla de capas romanas, medievales y renacentistas convive en muy pocas manzanas, sin apenas espacio entre una y otra.
Seis barrios, un solo distrito
San Pablo es el barrio del norte, el que todo el mundo en Zaragoza conoce por su apodo, El Gancho. Tiene guía propia en esta web, con su historia medieval y su torre mudéjar, así que no la repetimos aquí. Puedes leerla en el artículo sobre el barrio de Las Armas.
El Tubo ocupa la esquina más conocida del distrito, el laberinto de calles donde se concentran los bares de pintxos desde hace más de un siglo. También tiene su propio artículo, la guía de El Tubo.
San Miguel y Las Tenerías quedan al este, pegados a La Magdalena. De los dos circula poca información. Comparten con ella buena parte de su historia y su trama de calles estrechas.
San Agustín, el convento que se quedó en dos paredes
San Agustín toma el nombre de un convento que los agustinos fundaron en el siglo XIII y que llegó a ser uno de los grandes conjuntos religiosos del Casco Histórico. Durante los dos Sitios de Zaragoza, en 1808 y 1809, el edificio se convirtió en posición defensiva clave frente al asedio de las tropas francesas napoleónicas, que acabaron abriendo brecha en su perímetro tras semanas de combates. El combate cuerpo a cuerpo que siguió dentro del convento, incluida la defensa del púlpito de la iglesia, quedó retratado por César Álvarez Dumont en un cuadro de 1809.
El convento salió muy dañado. Hoy solo quedan en pie la fachada de la iglesia y uno de los muros del claustro, restaurados y convertidos en dos de los lados de la actual plaza de San Agustín. El resto del solar lo ocupan ahora la Biblioteca Pública Municipal María Moliner (puedes leer su historia en el artículo sobre María Moliner) y el Centro de Historia de Zaragoza, que abrió en abril de 2003 como sala de arte contemporáneo y que desde finales de 2013 comparte planta con la Escuela-Museo de Origami de Zaragoza, con piezas de maestros como Akira Yoshizawa. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural desde el 21 de marzo de 1972.
La Magdalena, el barrio de la judería
La Magdalena quedó dentro de la muralla medieval, en la ampliación que llevó el límite de la ciudad hasta la Puerta de Valencia. Allí, en la zona más próxima a la actual plaza de San Miguel, se asentó la judería de Zaragoza durante la Edad Media. Hoy el barrio conserva la Iglesia de Santa María Magdalena, una de las cumbres del mudéjar zaragozano, con una torre que compite en antigüedad con la de San Pablo.
Durante los años 80 del siglo pasado, La Magdalena vivió una década dura. Las viviendas se fueron deteriorando, las calles se quedaron sin mantenimiento y el barrio se convirtió en uno de los puntos de Zaragoza más golpeados por el consumo de heroína. En 1986 nació una campaña vecinal con un nombre que jugaba con la memoria histórica de la ciudad, "Agustina, la única heroína", en referencia directa a Agustina de Aragón. El mensaje era claro. Nada sutil. La única heroína que quería el barrio era la de los Sitios, no la droga.
El incendio de la discoteca Flying
En la madrugada del 14 de enero de 1990, hacia las dos y media, un fallo eléctrico provocó un incendio en la discoteca Flying, en la esquina de las calles Trinidad y Don Teobaldo, en pleno barrio de La Magdalena. Las llamas se propagaron por el falso techo tras saltar un diferencial, y el humo con monóxido de carbono, producido por la combustión del mobiliario del sótano donde funcionaba el local, acabó con la vida de 43 personas.
Es uno de los incendios más graves de la historia de Zaragoza, junto al de los talleres Bonafonte en 1973 y el del hotel Corona de Aragón en 1979. El proceso judicial se alargó años. El gerente del local, Francisco Lacruz, fue condenado por imprudencia simple al retrasar el aviso de alarma. El propietario, Faustino Martínez, recibió después una condena de dos años por insolvencia fraudulenta, al ocultar bienes para no pagar las indemnizaciones.
Los tribunales investigaron también a las empresas instaladoras y a responsables de la administración aragonesa que habían concedido las licencias. No encontraron base suficiente para condenarlos, aunque sí reconocieron un funcionamiento anómalo de los trámites administrativos. Las familias de las víctimas no llegaron a cobrar ninguna indemnización, porque el propietario se declaró insolvente y el gerente murió antes de que la condena se pudiera ejecutar.
La Casa de los Morlanes, el palacio que pasa desapercibido
En la plaza de San Carlos, a pocos metros de la zona más transitada del Casco Histórico, se levanta un edificio que la mayoría de quienes pasan por delante no identifican como tal, la Casa de los Morlanes. Es un palacio renacentista cuya fachada de yesería se terminó en 1555, con grutescos, guirnaldas y angelotes de inspiración humanista repartidos en tres alturas, sobre un arco de acceso en la planta baja.
Algunos estudios apuntan a la familia Morlanes. De ahí el nombre. Pero no hay documentación que lo confirme, y no se sabe con certeza quién lo mandó construir. El interior se reformó por completo hace décadas y hoy solo queda en pie la fachada original de ladrillo, declarada Bien de Interés Cultural el 29 de julio de 2002. En su interior funciona hoy la Sala de Exposiciones Casa de los Morlanes, que programa muestras durante todo el año.
Qué más hay dentro del distrito
El Casco Histórico es también donde está La Seo del Salvador y la Basílica del Pilar, aunque administrativamente la plaza que las enlaza queda ya en el distrito Centro. Lo mismo pasa con la Lonja de Zaragoza y con el Puente de Piedra, que marca la frontera norte del distrito sobre el Ebro. Es habitual que una misma visita cruce de un distrito a otro sin que se note el cambio, porque el límite administrativo no coincide con ninguna barrera física ni con ningún cartel.
Cómo recorrer el distrito en una visita
Todo se cubre a pie. Sin dificultad. Desde la plaza del Pilar hasta la Iglesia de San Pablo hay poco más de diez minutos de paseo, y desde ahí a la plaza de San Agustín, otros cinco. Las paradas de tranvía de César Augusto y Plaza España dejan en el borde sur del distrito, así que tampoco hace falta planear mucho el transporte si llegas desde otro punto de la ciudad.
La mejor forma de entenderlo no es intentar verlo todo en una tarde, sino elegir un barrio y pisarlo despacio. El Gancho para la vida de asociaciones y librerías, El Tubo para comer de pie, La Magdalena y San Agustín para la capa de historia que menos se cuenta. Las rutas se pueden combinar con la agenda de planes y eventos del distrito Centro, que recoge también lo que pasa cada día en el Casco Histórico.