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Actur Zaragoza: guía del barrio que nació de una ley urgente

Parques, tranvía, Campus Río Ebro y vida junto al río en el distrito más joven de la ciudad

Qué significa Actur (y por qué suena a sigla de ministerio)

Si no eres de Zaragoza, la primera pregunta razonable es: ¿qué es un Actur? La respuesta es tan poco romántica como literal. Actur es el acrónimo de Actuaciones Urbanísticas Urgentes, un instrumento legal que el Ministerio de la Vivienda usó en los años 70 para sacar suelo residencial a toda prisa en varias ciudades españolas que sufrían escasez de vivienda. En Zaragoza, ese plan se aplicó sobre la margen izquierda del Ebro, la orilla que hasta entonces había quedado al margen del crecimiento de la ciudad histórica.

El nombre oficial completo del distrito es Actur-Rey Fernando, aunque nadie en la ciudad lo llama así en el día a día: para cualquier zaragozano es, simplemente, Actur. Es uno de los ejemplos más claros de cómo un nombre técnico y burocrático termina calando en el habla popular hasta sustituir por completo al nombre administrativo.

De 665 hectáreas expropiadas a un barrio de casi 60.000 vecinos

La historia empieza en 1972, cuando el Ministerio de la Vivienda expropió 665 hectáreas de suelo en la margen izquierda con una capacidad teórica para 200.000 habitantes, una cifra que, con el tiempo, resultó muy por encima de lo que realmente se construyó y pobló. El plan buscaba responder a la presión demográfica de una ciudad que crecía rápido gracias a la industrialización, y que necesitaba vivienda nueva más allá del casco histórico y de barrios como Delicias.

Durante décadas, Actur formó parte de un distrito más amplio llamado Margen Izquierda. No fue hasta 2006 cuando ese distrito se dividió en dos: Actur-Rey Fernando, más próximo al río y al centro, y El Rabal, más al norte. Esa división administrativa es la que sigue vigente hoy y explica por qué, cuando se habla de "Actur" a secas, en realidad se está hablando de un distrito con entidad propia desde hace menos de veinte años, aunque el barrio como tal lleve construyéndose desde los 70.

Según los últimos datos disponibles, el distrito tenía 58.074 habitantes en 2021, repartidos en 9,67 km² de superficie, lo que da una densidad de unos 6.000 habitantes por kilómetro cuadrado, bastante más baja que la de los barrios del casco histórico o Delicias, en buena parte porque Actur se construyó con más espacio entre bloques, parques y avenidas anchas. El distrito limita al sur y al este con el propio río Ebro, lo que condiciona toda su geografía y explica por qué el agua es un elemento tan presente en su paisaje y en su vida cotidiana.

Ocho parques y un río: el pulmón verde de la margen izquierda

Si hay algo que distingue a Actur de otros barrios de Zaragoza es la cantidad de zonas verdes que tiene por metro cuadrado construido. El distrito está rodeado por ocho parques: Cineastas, Teresa Perales-Che Guevara, Poetas, Tío Jorge, Buen Humor, Respeto, Tolerancia y, el más grande y conocido de todos, el Parque Metropolitano del Agua Luis Buñuel, heredero directo de la Expo 2008 y hoy uno de los espacios de ocio al aire libre más usados de la ciudad, con sus zonas de sombra, su lago y sus rutas para caminar o correr junto al Ebro.

Esa proximidad al río tiene una cara menos amable: Actur es una de las zonas más expuestas de la ciudad al cierzo, el viento del noroeste que en esta parte de la ciudad, sin el amparo de un caserío denso y antiguo, se deja notar con más fuerza en las avenidas abiertas y los espacios entre bloques. No es un dato menor si vas a pasear por la zona en un día de cierzo fuerte: llévate una chaqueta cortavientos aunque haga sol.

La relación de Actur con el agua no acaba en los parques. El propio distrito fue uno de los grandes beneficiados de la Expo 2008, que se celebró justo enfrente, en la orilla de La Almozara, pero que dejó en Actur infraestructuras que hoy siguen en uso: puentes nuevos sobre el Ebro, el recinto ferial y una imagen renovada de toda la margen izquierda que hasta entonces tenía fama de barrio dormitorio sin mucho que ofrecer más allá de la vivienda.

El Campus Río Ebro y la vida universitaria

Actur no es solo un barrio residencial: es también uno de los polos universitarios de la ciudad. El Campus Río Ebro de la Universidad de Zaragoza, con la EINA (Escuela de Ingeniería y Arquitectura) como uno de sus edificios más representativos, trae a diario a miles de estudiantes a la zona, lo que explica la cantidad de bares, cafeterías y alojamiento para estudiantes que se han ido instalando alrededor.

La oferta deportiva acompaña a la universitaria. El Centro de Natación Helios, a orillas del Ebro, y el Pabellón Siglo XXI son dos de los referentes de la ciudad para nadar o entrenar, y se suman a las instalaciones deportivas elementales repartidas por el distrito. Para una ciudad que presume de su red de piscinas municipales, Actur pone su parte con creces.

Cómo se llega: seis puentes y un tranvía

Actur está conectado con el resto de Zaragoza por seis puentes sobre el Ebro, lo que en la práctica significa que nunca estás muy lejos del centro, aunque la sensación de barrio aparte se mantenga por su trazado urbanístico, muy distinto al del casco histórico o al ensanche. El gran cambio en la movilidad de la zona llegó en marzo de 2013, cuando la Línea 1 del tranvía empezó a cruzar el distrito de norte a sur, conectándolo directamente con el centro y con Valdespartera, en el extremo opuesto de la ciudad. Para quien vive en Actur y trabaja en el centro, el tranvía ha sido, sin exagerar, un cambio de vida: antes tocaba depender del coche o de líneas de autobús con más paradas y más tráfico.

Compras, cines y vida cotidiana: GranCasa y los centros cívicos

El centro comercial GranCasa, con su Cinesa Grancasa, es uno de los puntos de referencia de ocio y compras del distrito, junto al World Trade Center Zaragoza (WTC), que marca el perfil del barrio con su torre acristalada visible desde buena parte de la ciudad. Pero la vida de Actur no gira solo en torno al consumo: el distrito tiene una red de equipamientos públicos notable para su tamaño, con doce equipamientos municipales entre los que están el Centro Cívico Río Ebro, la Biblioteca Benjamín Jarnés y, ya en Parque Goya, la Biblioteca Félix Romeo. Son espacios que programan de forma regular exposiciones, talleres y actividades culturales para todas las edades, algo que no siempre se le reconoce a un barrio al que, durante años, se le tildó de gris.

Qué hacer en Actur un domingo cualquiera

Si te acercas a Actur sin prisa, el plan más natural empieza junto al río: caminar o ir en bici por la senda que bordea el Ebro hasta el Parque del Agua, parar a tomar algo en alguna de las terrazas que han ido abriendo en la zona y, si el tiempo acompaña, alargar el paseo hasta el Puente del Tercer Milenio, uno de los puentes más fotografiados de la ciudad. Para quien viaja con niños, los parques del distrito —especialmente Tío Jorge y el propio Parque del Agua— tienen zonas de juego amplias y mucho espacio para correr sin agobios de tráfico.

Si el plan es más de interior, el Centro Cívico Río Ebro y la Biblioteca Benjamín Jarnés suelen tener programación cultural entre semana y fines de semana, y merece la pena consultar su agenda antes de dar por hecho que en Actur "no hay nada que hacer", un prejuicio que arrastra el barrio desde sus primeras décadas y que cada vez tiene menos fundamento.

Vivir en Actur: la cara honesta

Actur tiene fama, no siempre merecida, de barrio funcional pero sin alma, construido deprisa y sin el encanto de calles como las del Casco Histórico o El Tubo. Hay algo de verdad en eso: buena parte de su arquitectura responde a la lógica de bloques de los años 70 y 80, sin la variedad que da un caserío crecido con siglos de historia encima. Las avenidas son anchas, a veces demasiado, y en días de cierzo fuerte cruzarlas a pie puede ser una experiencia poco agradable.

Pero lo que Actur pierde en carácter histórico lo gana en otras cosas: más metros cuadrados de vivienda por el mismo dinero que en el centro, parques a un paso de casa, colegios e institutos bien valorados como Cristo Rey, El Pilar Maristas o Miguel de Molinos, y una conexión con el resto de la ciudad que ha mejorado mucho desde que llegó el tranvía. Es, en definitiva, un barrio pensado para vivir más que para pasear, y quien lo visita esperando encontrar el mismo tipo de belleza que en la Zaragoza mudéjar se lleva una impresión equivocada. Quien lo visita sabiendo qué va a encontrar —río, parques, deporte y tranquilidad— suele salir con una opinión bastante mejor de la que traía.

Fuentes

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