La Expo 2008: cómo Zaragoza se reinventó
La exposición internacional del agua transformó la ciudad, su urbanismo y su imagen ante el mundo
El año que Zaragoza se atrevió
Hay un antes y un después de 2008 en Zaragoza. La Exposición Internacional dedicada al "Agua y desarrollo sostenible" no fue solo un evento de cinco meses: fue el catalizador de la mayor transformación urbanística que ha vivido la ciudad en su historia moderna. Para bien y para discutir, que de eso en Zaragoza siempre sobra.
La candidatura: de la ambición al "¿esto va en serio?"
La idea de celebrar una exposición internacional en Zaragoza surgió a finales de los años 90. La candidatura oficial se presentó en 2004 ante el Bureau International des Expositions (BIE) en París, compitiendo con Tesalónica (Grecia) y Trieste (Italia). Zaragoza ganó con una propuesta centrada en el agua, un tema que encajaba como un guante en una ciudad que nació en la confluencia de tres ríos: el Ebro, el Huerva y el Gállegó.
Pero la elección del tema no era solo poética. El agua como recurso sostenible era —y sigue siendo— uno de los grandes debates globales. Zaragoza, que históricamente había vivido de espaldas al Ebro, encontró en la Expo la excusa perfecta para reconciliarse con su río.
El meandro de Ranillas: de descampado a nuevo barrio
El recinto de la Expo se ubicó en el meandro de Ranillas, una extensión de 25 hectáreas en la margen izquierda del Ebro que hasta entonces era básicamente terreno agrícola y suelo sin urbanizar al norte de la ciudad. La decisión fue estratégica: en lugar de intervenir en el centro histórico, se apostó por crear un polo de desarrollo urbano completamente nuevo.
Las cifras del proyecto son de vértigo. Se invirtieron más de 2.200 millones de euros en infraestructuras directas e indirectas. Se construyeron o renovaron puentes, se soterró parte del tráfico ferroviario, se creó la estación intermodal de Delicias (diseñada por Carlos Ferrater) y se trazaron nuevas líneas de tranvía. La Zaragoza que emergió de las obras era, literalmente, otra ciudad.
Los iconos arquitectónicos
La Expo dejó un catálogo de arquitectura contemporánea que sigue definiendo el perfil de Zaragoza:
El Pabellón Puente
Diseñado por Zaha Hadid, es probablemente la pieza más reconocible. Un pabellón de exposiciones con forma de gladiolo que cruza el Ebro, apoyado sobre una isla fluvial. Con sus 270 metros de longitud, es a la vez puente y edificio. Hadid lo concibió como una escultura habitable que dialogara con el río. Funcionó como espacio expositivo durante la Expo y su futuro uso ha sido objeto de debate durante años.
La Torre del Agua
Una torre de 76 metros de altura con forma de gota de agua, diseñada por Enrique de Teresa. Su estructura de vidrio y acero se convirtió en el icono vertical de la Expo, visible desde buena parte de la ciudad. En su interior, una escultura de agua de 30 metros llamada "Splash" creaba un efecto hipnótico.
El Pabellón de España
Obra de Francisco Mangado, el pabellón se sustentaba sobre un bosque de pilares de arcilla que evocaban un cañaveral junto al río. El proyecto ganó numerosos premios internacionales de arquitectura y fue una de las sorpresas de la Expo.
El Acuario Fluvial
Con 3.000 metros cuadrados, es el mayor acuario de agua dulce de Europa. Recrea ecosistemas fluviales del Nilo, el Mekong, el Amazonas, el Darling australiano y, por supuesto, el Ebro. Veinte años después de la Expo, sigue siendo una de las atracciones más visitadas de Zaragoza y uno de los legados más exitosos del evento.
Los números de la Expo
La Expo 2008 abrió sus puertas el 14 de junio y las cerró el 14 de septiembre. Durante esos tres meses:
- Recibió 5,65 millones de visitantes
- Participaron 108 países, 3 organizaciones internacionales y todas las comunidades autónomas españolas
- Se celebraron más de 3.000 actividades culturales
- Tribunal de las Aguas, espectáculos nocturnos, conciertos y exposiciones se sucedieron a diario
¿Fue un éxito? Depende a quién preguntes. Las cifras de visitantes quedaron por debajo de las previsiones iniciales (se esperaban 6,5 millones) y el coste final superó los presupuestos. Pero la transformación urbana fue indiscutible.
El legado: luces y sombras
Hoy, casi dos décadas después, el balance del legado de la Expo tiene claroscuros.
Lo que funcionó:
- El Parque del Agua Luis Buñuel, con 120 hectáreas de zonas verdes, playas fluviales y equipamientos deportivos, es uno de los grandes pulmones de la ciudad y un éxito indiscutible. Los zaragozanos lo han adoptado como propio para correr, pasear y pasar los domingos.
- El Acuario Fluvial mantiene una actividad constante y atrae visitantes.
- Las infraestructuras de transporte (estación de Delicias, tranvía, ronda norte) cambiaron la movilidad de la ciudad.
- Zaragoza ganó visibilidad internacional y se posicionó como ciudad de congresos y eventos.
Lo que quedó pendiente:
- Varios pabellones, incluido el Pabellón Puente de Zaha Hadid, han tenido dificultades para encontrar un uso estable post-Expo.
- La urbanización completa del barrio Expo-Ranillas ha sido más lenta de lo previsto.
- El debate sobre el retorno económico de la inversión sigue abierto.
Zaragoza después de la Expo
Más allá de los números, la Expo cambió algo intangible en Zaragoza: la percepción que la ciudad tenía de sí misma. Antes de 2008, Zaragoza era "la ciudad de paso entre Madrid y Barcelona". Después, era una ciudad que había organizado un evento internacional, que tenía arquitectura de vanguardia junto al Ebro y que había demostrado que podía pensar a lo grande.
Si paseas hoy por el Parque del Agua un sábado cualquiera, con las familias en las zonas verdes, los runners bordeando el Ebro y la silueta del Pabellón Puente al fondo, es difícil imaginar que hace apenas veinte años todo esto era un descampado. Eso, al final, es el mejor legado de la Expo: haber convertido un meandro olvidado en el lugar donde Zaragoza mira al futuro.
Artículo generado con IA y revisado por el equipo de Vive Zaragoza.