Canal Imperial de Aragón: la obra que transformó Zaragoza
Historia del canal que convirtió el secano aragonés en huerta y cambió la ciudad para siempre
La gran obra de Aragón
El Canal Imperial de Aragón es una de las obras de ingeniería hidráulica más importantes de la historia de España. Recorre 110 kilómetros desde Fontellas (Navarra) hasta Zaragoza, alimentándose del agua del Ebro. Fue construido en el siglo XVIII y transformó radicalmente el paisaje, la agricultura y la vida de Zaragoza.
Historia de un sueño secular
La idea de construir un canal que llevase agua del Ebro a las tierras secas de Aragón venía de lejos. Carlos I ya lo propuso en el siglo XVI, y se llegó a construir un primer tramo llamado Acequia Imperial, pero la obra se abandonó.
Fue en el reinado de Carlos III cuando el proyecto se retomó en serio. El ingeniero Ramón Pignatelli fue nombrado protector del canal en 1772 y dedicó el resto de su vida a la obra. Pignatelli resolvió problemas técnicos, financieros y políticos durante más de veinte años hasta que el canal llegó a Zaragoza en 1790.
El canal fue una hazaña técnica para su época: 110 km de canal navegable con esclusas, acueductos y almenaras, construido a pico y pala. El tramo final, que atraviesa Zaragoza por Torrero, requirió excavar un profundo tajo en la roca.
Pignatelli: el hombre del canal
Ramón Pignatelli y Moncayo (1734-1793) es uno de los aragoneses más importantes de la historia. Canónigo del Pilar, ilustrado y tenaz, dedicó 21 años de su vida al canal. Murió solo tres años después de verlo terminado. Su estatua preside hoy el Parque de Torrero, junto al canal que hizo posible.
El canal en Zaragoza
En Zaragoza, el canal atraviesa el barrio de Torrero-La Paz y termina en la zona del Parque de Torrero. Durante dos siglos fue una vía de transporte de mercancías y pasajeros (las barcas del canal eran el transporte público de la época). Hoy es un paseo arbolado muy apreciado por los zaragozanos, ideal para caminar o correr.
El Parque de Torrero, junto al final del canal, es uno de los espacios verdes más agradables de la ciudad. La fuente de los Incrédulos, en el punto donde el canal entra en Zaragoza, marca el lugar exacto donde Pignatelli demostró a los escépticos que el agua llegaría a la ciudad.
Artículo generado con IA y revisado por el equipo de Vive Zaragoza.